Tarta de queso de Jamie Oliver

Hoy os propongo una receta que no es estrictamente inglesa, pero sí lo es su cocinero, mi querido Jamie Oliver. ¿Ya os he hablado de él, verdad? Me encantan sus recetas, su desparpajo, su creatividad y sobre todo que sus recetas no me suelen fallar, y eso que no soy una cocinera experimentada (sólo un poco osada al atreverme a compartir mis aventuras culinarias con vosotros). La receta de hoy es una tarta de queso, la famosa tarta de queso de Nueva York. Si he cocinado esta tarta y no otra más típicamente inglesa es porque al fin y al cabo es la tarta favorita de J. y quería darle una sorpresa. Por otra parte, tenía ciertas sospechas sobre el origen del cheesecake, porque hay muchos tipos tartas de queso en muchos otros países (no puedo dejar de pensar en nuestra quesada pasiega), y estoy segura de que Inglaterra ha tenido que hacer grandes aportaciones a la misma. Así que me he puesto a investigar sobre la historia de la tarta de queso y, resumiendo, os cuento lo que he descubierto. Parece ser que el origen de la tarta de queso está en la antigua Grecia: los arqueólogos han encontrado moldes que datan del año 2.000 a.C. También se sabe que en la época era un típico pastel de bodas. Los ingredientes que usaban eran harina, miel y queso. Como era de esperar, la receta griega pasó a los romanos, quienes, a su vez, la llevaron a toda Europa mientras expandían su imperio. En cada país, la receta evolucionó de distintas maneras. En Gran Bretaña fue el chef del mismísimo Enrique VIII el que tomó parte en la evolución inglesa de la receta de la tarta de queso. Cortó el queso en trozos muy pequeños para dejarlos después en remojo en leche durante unas horas. Después colaba la mezcla y le añadía huevos, mantequilla y azúcar. En el siglo XVIII, se empezó a eliminar la levadura como ingrediente de esta tarta, y a cambio se batían más los huevos para airear la mezcla. Es esta receta la que los europeos llevaron a Estados Unidos. La aportación americana es el queso en crema. Hay múltiples recetas de tartas de queso, y he elegido esta por ser de Jamie Oliver (ya os lo había dicho, ¿no?) y por no llevar double cream (nata con un mínimo de 48% de materia grasa), que a veces no es fácil de encontrar en los supermercados españoles. Apenas he modificado la receta original. Ingredientes

  • 250 g de galletas tipo Digestive o 16 galletas (en la receta original son 350 g, depende si os gusta una base de galletas más o menos gruesa)
  • 120 g de mantequilla sin sal, derretida, más un poco más para engrasar el molde
  • 900 g de queso crema (es posible usar queso crema light, que es lo que he hecho yo)
  • 150 g de azúcar caster, que es un azúcar superfino muy popular en el Reino Unido que podéis hacer en casa, o, en su defecto, azúcar blanco
  • 5 huevos grandes, y mejor si son orgánicos o camperos
  • 125 ml de zumo de lima, que vienen a ser unas 4 ó 5
  • Una cucharada de extracto de vainilla
  • Ralladura de una lima
  • Ingredientes para la cobertura de merengue: la clara de 3 huevos grandes, 110 g de azúcar glas y 40 g de coco rallado

Preparación

  1. Engrasamos con mantequilla el molde que vayamos a utilizar, tanto fondo como laterales. La receta original pide un molde de 24 cm, pero yo usé uno de 26 cm porque era el que tenía en casa, y me ha quedado bien, aunque por mi breve experiencia aconsejo utilizar el mismo molde que indica la receta. Si puede ser, utiliza un molde desmontable con cierre lateral.
  2. Trituramos las galletas con un robot de cocina, una picadora o envolviendo las galletas en un paño para posteriormente machacarlas con la ayuda de un rodillo hasta que queden muy finas, prácticamente hechas polvo.
  3. Mezclamos las galletas trituradas con la mantequilla derretida y con la ralladura de una lima. Extendemos la mezcla de manera uniforme por el fondo del molde, presionando con una cuchara, el culo de un vaso o con las manos (Jamie siempre usa las manos), asegurándonos de que quede compacta y que sobre todo llegue a los bordes. Introducimos el molde en el frigorífico durante unos minutos, para que la base se endurezca.
  4. Calentamos el horno a 160ºC.
  5. Batimos el queso crema hasta obtener una textura suave, uniforme y sin grumos. Entonces vamos añadiendo el azúcar gradualmente.
  6. Añadimos los huevos de uno en uno, es decir, no añadimos el siguiente hasta que el anterior haya quedado perfectamente incorporado en la mezcla.
  7. Echamos el zumo de lima y el extracto de vainilla y mezclamos otra vez. No os preocupéis si la mezcla queda demasiado líquida, porque es justo como debe quedar.
  8. Sacamos el molde del frigorífico y vertemos la mezcla sobre la base de galleta ya endurecida. Horneamos durante 45-55 minutos. No queremos que la tarta quede muy firme, sino que permanezca temblorosa, aunque no tanto como un flan.
  9. Dejamos enfríar la cheescake durante 15 minutos.
  10. Subimos la temperatura del horno a 220ºC y, mientras se calienta, hacemos la cobertura de merengue.
  11. Para hacer esta cobertura de merengue ponemos las tres claras de huevo en un bol bien limpio (si hay algo de grasa las claras no se montarían) y las batimos hasta que queden a punto de nieve (hasta que forman picos). Puedes usar una batidora eléctrica, como ha sido mi caso, o también las puedes montar a mano.
  12. Añadimos poco a poco el azúcar glas y seguimos batiendo hasta que el merengue adquiera una consistencia densa y quede brillante. Por último, incorporamos el coco y lo mezclamos suavemente con una espátula.
  13. Extendemos el merengue sobre la cheesecake, asegurándonos de que llegue a los bordes, usando la parte exterior de una cuchara hasta que cubrimos toda la tarta. Para que quede más bonito, hacemos picos con el merengue utilizando la cuchara.
  14. Horneamos durante 5 minutos más hasta que el merengue empieza a dorarse. Dejamos enfriar a temperatura ambiente primero, y después introducimos nuestra cheesecake en el frigorífico durante unas horas más.
  15. Es entonces cuando sacamos la tarta del molde, con cuidado, la transferimos a un bonito plato y rallamos una lima sobre la cobertura.

Jamie Oliver's Cheesecake by me Éste ha sido el resultado. ¡¡Y todavía sabe mucho mejor!!

San Valentín en el Reino Unido

Pese a que en estos días hay alusiones a San Valentín por todas partes y los centros comerciales nos incitan a consumir sin parar, este año he decidido unirme a la celebración, porque al fin y al cabo, cualquier excusa es buena, ¿no creéis? Y sobre todo si se habla de AMOR! ¿Me acompañáis un ratito?

El día de San Valentín se lleva celebrando durante muchos siglos en el Reino Unido, y para mí ha sido una sorpresa descubrir que es una celebración tradicional de los países anglosajones, que se ha ido implantando en el resto de países a lo largo del siglo XX. La festividad surgió como una combinación de ritos paganos y cristianos. Hay mucha controversia en torno a su origen, debido a las numerosas leyendas existentes y al misterio que las rodea.

Los romanos ya celebraban una festividad en torno al 15 de febrero, a la que denominaron Lupercalia, con la que señalaban el comienzo de la primavera. En ella tenían lugar ritos en torno a la fertilidad y el matrimonio que concernían a todos los jóvenes en edad casadera.

Cuando la Cristiandad se extendió a lo largo del Imperio Romano, que incluía gran parte del Reino Unido, esta festividad se convirtió en el día en el que se recordaba a San Valentín. Los festivales paganos y cristianos se unificaron: el festival de Lupercalia se adelantó un día y San Valentín empezó a celebrarse el 14 de febrero.

¿Sabíais que hubo más de un San Valentín? Parece que fueron tres, pero aquí sólo os hablaré del más famoso de ellos, un sacerdote cristiano del siglo III que vivió en tiempos del Emperador Claudio II, conocido por defender el amor en el Imperio. Casó secretamente a parejas, a pesar de las órdenes del Emperador, que había prohibido los matrimonios al creer que los hombres no querrían ir a la guerra si tenían que dejar a sus mujeres y familias atrás. Cuando Claudio II supo de estas ceremonias, Valentín fue detenido, permaneciendo preso hasta su muerte, un 14 de febrero. Tuvo una muerte horrible, puesto que fue torturado para hacerle renunciar a su fe y finalmente decapitado. Se dice que antes de morir curó la ceguera de la hija del carcelero (una leyenda posterior llega a afirmar que incluso se enamoró de ella), dejándole supuestamente una nota que firmaba “de tu Valentín”.

La primera asociación entre el día de San Valentín con el amor romántico no tuvo lugar hasta el siglo XIV, cuando el poeta inglés Geoffrey Chaucer, autor de los Cuentos de Canterbury, en su obra Parlement of Foules (1382) escribió: For this was on seynt Volantynys day, Whan euery bryd comyth there to chese his make. [Porque esto fue el día de San Valentín, cuando cada ave vino aquí a elegir su pareja.]

Chaucer escribió este poema en honor al primer aniversario del compromiso entre el rey Ricardo II de Inglaterra con Ana de Bohemia. Se asumió erróneamente que Chaucer se refería al San Valentín de febrero, mes en el que en Inglaterra las aves todavía no se han apareado (probablemente Chaucer hiciera en realidad alusión al 2 de mayo, día de Valentín de Génova).

La carta de San Valentín más antigua de la que se tiene noticia es del siglo XV y fue escrita por Carlos, duque de Orleans. Se trataba de una poesía dirigida a su esposa y escrita durante su encarcelamiento en la Torre de Londres, tras su captura en la Batalla de Agincourt (1415). En el poema, el duque habla de su amor por su esposa y se refiere a ella como Ma tres doulce Valentinée  [mi dulce Valentina / enamorada]. Aún se conserva en el Museo Británico.

En 1601 San Valentín ya era lo suficientemente popular como para ser mencionado por William Shakespeare en el lamento de Ofelia en Hamlet: To-morrow is Saint Valentine’s day, All in the morning betime, And I a maid at your window, To be your Valentine. [Mañana es el día de San Valentín, temprano, al amanecer, y yo estaré en tu balcón, tu enamorada seré].

Es en Inglaterra donde el intercambio de notas de amor el día de San Valentín se hizo popular. Ya era una práctica común en 1797, año en el que se publicó por primera vez The Young Man’s Valentine Writer, que contenía rimas y canciones sentimentales para aquellos que no escribían sus propios versos.

Como la costumbre de enviar tarjetas, flores, chocolates y otros regalos se originó en el Reino Unido, este día sigue teniendo conexión con algunas costumbres locales inglesas. Por ejemplo, en Norfolk, un personaje llamado Jack Valentine llama a las puertas y deja dulces y regalos a los niños.

El abaratamiento de los servicios postales que tuvo lugar en el siglo XIX facilitó el envío de un mayor número de tarjetas de San Valentín. Hizo posible enviar tarjetas anónimamente (tradicionalmente, los mensajes de San Valentín han sido de carácter anónimo), y se hicieron tan populares que se empezaron a producir en masa. En la época victoriana las tarjetas evolucionaron a una forma más delicada con papel de encaje, añadidos de terciopelo, lazos, y los materiales que se usaban eran de la mejor calidad. Estas tarjetas con frecuencia escondían mensajes secretos tras los pliegues o lazos, ya que los padres victorianos eran muy estrictos y no permitirían que sus hijas recibieran ningún tipo de correspondencia a no ser que ellos la hubieran leído primero. En 1872 el servicio postal empezó a permitir el envío de pequeños paquetes, con lo que empezaron también a enviarse pequeños regalos.

A mediados del siglo XIX, Esther Howland, de Massachusetts, introdujo las tarjetas de San Valentín en Estados Unidos, cuando empezó a importar papel de encaje y decoraciones florales desde Inglaterra, para finalmente empezar a producirlas en masa. Y desde Estados Unidos la celebración de San Valentín se extendió al resto del mundo.

¿Ya sabéis cómo queréis pasar este día? Como planes británicos os propongo varias películas: Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill, Love Actually, Shakespeare in Love, Expiación o Sentido y Sensibilidad, basada esta última en el libro del mismo nombre de Jane Austen, una gran romántica.

Si queréis tener un detalle en este día pero no queréis sucumbir al centro comercial os recomiendo esta receta de trufas de chocolate de uno de mis blogs preferidos, Pemberley Cup & Cakes, en el que encontraréis mucha repostería británica.

Por último, si tenéis la suerte de estar en el Reino Unido durante estas fechas, ¿qué os parece una escapadita a… Bath? ¿Oxford? ¿Canterbury? ¿El distrito de los Lagos? ¿Los Cotswolds? ¿York? ¿O hacer un romántico recorrido por Londres y de paso cenar en lo alto del Shard disfrutando de las vistas? Sin duda, hay cientos de posibilidades. No os olvidéis de contarme vuestros planes.

 

La noche de Burns

La noche de Burns es una celebración escocesa en la que se recuerda la vida y la obra del poeta Robert Burns (1759-1796), que tuvo su origen unos años después de la muerte del poeta, promovida por un grupo de amigos y conocidos que quisieron honrar su memoria. Las primeras conmemoraciones tuvieron lugar el 21 de julio, en el aniversario de la muerte del poeta, pero más tarde se cambió al 25 de enero, día en que nació. Con el paso del tiempo el 25 de enero se ha convertido en un día de celebración de la cultura escocesa, de la que Burns es considerado un icono, por su gran aportación.

Robert Burns, retrato de Alexander Nasmyth, 1787

Robert Burns nació en Alloway, Escocia, el 25 de enero de 1759, y murió en Dumfries, Escocia, el 21 de julio de 1796, con tan sólo 37 años. Pasó su juventud trabajando en la granja de su padre. A pesar de su pobreza, fue siempre muy leído, y empezó a escribir escapando así de sus orígenes humildes. Es considerado como uno de los pioneros del movimiento romántico y ya alcanzó gran fama con la publicación de su primera colección de versos, escritos, en su mayoría, en lengua escocesa. Su obra trata, sobre todo, de temas de folclore escocés pero visto desde la perspectiva de las clases populares. Su poema más famoso es “Auld Lang Syne”, que se canta en toda Escocia en Nochevieja.

La celebración principal de la noche de Burns consiste en una cena, en la que tienen lugar una serie de rituales. Son muchas las personas, grupos y asociaciones que celebran esta cena, tanto en Escocia como en el resto del mundo. Puede ser formal o informal, tan sólo para hombres, o tan sólo para mujeres, o también para ambos sexos. Los eventos formales consisten en brindis y lecturas de textos escritos por Burns. Según el grupo o lugar en el que se organice el evento, la ceremonia variará. Muchos hombres llevan kilt o falda escocesa y las mujeres chales, faldas o vestidos hechos con el tartán de su familia. El tartán hace referencia a los patrones de cuadros escoceses representados en los tejidos típicos, cuyos colores y diseños representan al clan al que pertenece su portador.

Como hemos dicho, la velada se centrará en la cena. Suele comenzar con el discurso de bienvenida del anfitrión y bendición de la mesa (esta bendición es la Selkirk Grace). El primer plato es una sopa, Scotch-broth (caldo escocés) o Cock-a-leekie soup (sopa de puerros, patatas y caldo de pollo). Después entra el plato principal, el haggis, una especie de salchicha preparada en el estómago de un cordero, que se sirve en una gran fuente mientras suenan gaitas escocesas. Cuando el haggis está en la mesa, el anfitrión recita la oda que el poeta escribió al plato escocés, Address to a Haggis. Entonces se corta el haggis en dos, y se brinda, normalmente con whisky, puesto que éste es el punto álgido de la velada. El haggis suele ir acompañado de neeps and tatties, puré de colinabo y patatas.

Haggis, neeps and tatties

La cena puede ir seguida por un postre, y como postres típicos encontramos el clootie dumpling (un pudin típicamente escocés) o tipsy laird (un bizcocho borracho). Tras la cena el ritual tradicional, a pesar de todo el whisky que se consume en los numerosos brindis, suele estar muy bien estructurado. En primer lugar, uno de los invitados pronuncia un breve discurso celebrando aspectos de la vida u obra de Robert Burns, y que se conoce como Immortal Memory (memoria inmortal). Después se hace un brindis por las damas, por parte de un comensal masculino, que habla de su visión de las mujeres en general. Suele ser un discurso humorísitco que luego se responde por parte de las damas, en el que una invitada femenina presenta su visión sobre los hombres, respondiendo, si quiere, al discurso anterior. Finalmente, se recitan los poemas y canciones más conocidos de Burns, e incluso puede que haya baile tradicional escocés o cilidh (aunque el baile no se reconoce como una de las partes tradicionales de la cena).

Os dejo con la receta de uno de los postres típicos, el Tipsy Laird. Si queréis aventuraros con el haggis, os recomiendo que probéis con la receta de pastel de haggis Jamie Oliver, pero yo lo dejo para otra ocasión. El Tipsy Laird es la versión escocesa del trifle inglés, un bizcocho borracho con frutas y crema, en el que se sustituyen el jerez por el whisky, y las fresas por frambuesas. He adaptado una receta de Elaine Lemm:

Ingredientes (para 6 personas):

  • 300g de bizcocho, cortado en rebanadas no muy finas
  • 300g de frambuesas
  • 6 cucharadas de whisky o, si podéis encontrarlo, Drambuie
  • 500ml / 2 tazas de natillas
  • 500 ml / 2 tazas de nata montada
  • Un puñado de almedras tostadas en láminas

Preparación (se tarda una media hora):

  • Hemos utilizado vasos individuales, pero también es posible prepararlo en una única fuente.
  • Ponemos las rebanadas de bizcocho en el fondo de los vasos.
  • Reservamos unas frambuesas para la decoración pero ponemos el resto sobre el bizcocho. Rocíamos con whisky (1 cucharada por vaso).
  • Es hora de verter las natillas. Sed generosos.
  • Acabamos con una buena capa de nata montada.
  • Decoramos con frambuesas y almendras laminadas tostadas. También podemos poner virutas de chocolate.

¿Os gusta el resultado?

Tipsy Laird 6

Para terminar, os recomiendo que visitéis el enlace de una de las páginas oficiales de turismo de Escocia sobre la noche de Burns, en la que encontraréis más información y otras cositas, incluso una aplicación para el móvil!