Downton Abbey

A la espera de la sexta temporada, que no se estrenará hasta el próximo otoño en el canal británico ITV, estamos todos los seguidores de Downton Abbey. Este drama de época nos sumerge en la vida de una gran mansión inglesa a principios del siglo XX. Con él no sólo hemos vivido las intrigas de Lord Grantham y su familia, los Crawley, sino también las de los criados de la casa.

Esta serie consiguió ya en su primera temporada, que sólo tenía 7 capítulos, una media de 10 millones de espectadores en el Reino Unido. Este éxito ha hecho que muchos otros países se interesen por la serie, entre ellos España. Aquí se emitió primero en Antena 3 y luego en Nova. Y hemos podido ver la serie en dual, que siempre es un regalo del cielo si te gusta escuchar el acento británico tanto como a mí.

La acción de Downton Abbey comienza con la noticia del hundimiento del Titanic y desde este momento vamos a presenciar otros hitos históricos, que además tienen su repercusión en la jerarquía social británica. La primera temporada comienza en 1912, al final de la era eduardiana; en la segunda (1916-1919) vivimos la I Guerra Mundial, la pandemia de la gripe española y el escándalo Marconi; en la tercera (1920-1921), el período de entreguerras y la formación del Estado Libre de Irlanda; en la cuarta (1922-1923), el escándalo Teapot Dome; y las elecciones generales en el Reino Unido de 1923, la masacre de Amritsar o Jallianwala Bagh y el Putsch (alzamiento) de la cervercería de Munich son los hitos históricos que presenciamos en la quinta temporada (1924). A la casa llegan también los primeros teléfonos y aparatos eléctricos, los ecos del feminismo y del socialismo, y una serie de novedades y cambios sociales a los que sobre todo se opone Lady Violet, condesa viuda de Granthan, interpretada por Maggie Smith, sin que su hijo Robert Crawley o Carson, el mayordomo, se queden atrás con sus reticencias a los cambios.

Desde el primer capítulo la trama gira en torno a la incertidumbre sobre el futuro heredero del título, las tierras y la fortuna. El primer heredero muere en el Titanic, suceso con el que comienza la serie, y desde entonces Robert Crawley tiene que buscar a su nuevo heredero, al que encuentra en un primo lejano, Mathew Crawley. Y no os cuento más, porque merece la pena ver la serie.

La ambientación cumple con lo que se espera de una producción británica porque han cuidado hasta el más mínimo detalle. Y para recrear este mundo la inversión tuvo que ser alta: cada capítulo contó con un presupuesto de más de un millón de libras, lo que convierte a Downton Abbey en la serie más cara que había producido nunca ITV. Esta atención al detalle está en todo: por ejemplo, las cartas que les escriben a los personajes están escritas con la tinta y el papel correspondiente a la época. Incluso el contenido cumple con su propósito, a pesar del hecho de que la carta nunca la leerá otra persona que no sea el actor.

No os podéis tampoco perder esa atención al detalle en el vestuario. Todas las noches los personajes se ponen sus trajes de gala para la cena. Además, vamos a presenciar la moda de los años 20 en todo su esplendor, uno de los períodos más emocionantes en los que a moda se refiere, ya que el papel de la mujer en la sociedad cambió drásticamente tras la I Guerra Mundial. La libertad que las mujeres fueron ganando se refleja en su ropa, que se volvió también más libre y más sencilla. Sybil, la hija pequeña de Robert y Cora nos impacta cuando se presenta con una falda pantalón a la cena familiar. Tiempo después Mary nos sorprende con su corte de pelo.

La casa es una importante protagonista. Downton Abbey es en realidad el castillo de Highclere. La Downton Abbey ficticia está en el histórico condado de Yorkshire: incluso se ha especulado sobre la localización exacta de esta mansión imaginaria, por los pueblos que se mencionan a lo largo de la serie, y se dice que estaría entre Easingwod, Ripon y Thirsk, en el norte de Yorkshire. Pero la verdadera, el castillo de Highclere, se encuentra al sur de Inglaterra, en Hampshire. Y lo mejor de todo, es que ¡se puede visitar! Pero me temo que eso no será posible hasta 2016 porque las entradas para este verano (no está abierta todo el año) acaban de venderse en su totalidad. Si tenéis la suerte de ir, reconoceréis no sólo el maravilloso exterior de la casa, sino también muchas de sus estancias. Sin embargo, si esperáis encontrar aquí las estancias de la servidumbre no lo lograréis porque se recrearon en los estudios de Ealing, ya que las cocinas originales de Highclere ya no existían.

El rodaje de Downton Abbey ha devuelto a Highclere, de alguna forma, su época de apogeo. En 1906 trabajaban allí un ayuda de cámara, un mayordomo, 14 lacayos, 25 criadas, 25 jardineros, dos chóferes y 3 chefs. Hoy en día, la plantilla sólo está formada por nueve personas. Pero con el rodaje, la casa vuelve a estar repleta de gente otra vez.

Como curiosidad os cuento que el castillo de Highclere era la residencia del quinto Conde de Carnarvon, que junto con Howard Carter, descubrió la tumba de Tutankamón. Es por esto, que en Highclere podéis encontrar una exposición sobre Egipto. La familia Carnarvon ha vivido en Highclere desde 1679. La casa actual se construyó en 1842 por Sir Charles Barry, que también construyó el Palacio de Westminster en Londres. Actualmente los habitantes de la casa son el octavo Conde de Carnarvon, George Herbert, ahijado de la reina Isabel II, y Lady Fiona Carnarvon. Es Lady Fiona quien se encarga de los asuntos y eventos de Highclere. Además, escribe un blog en el que cuenta cosas sobre la vida en Highclere, y no sólo eso, sino que fascinada por la historia de Highclere, también ha escrito tres libros: los dos primeros sobre el quinto Conde de Highclere y el último sobre Lady Catherine, quien curiosamente también era americana, como Lady Grantham.

La serie tiene otras muchas localizaciones, y una muy repetida es la casa de Isobel Crawley, madre de Mathew Crawley, cuyo exterior es la antigua rectoría de Bampton, en Oxfordshire, pero los interiores se ruedan en Beaconsfield!!! Pongo estas exclamaciones porque conocemos muy bien Beaconsfield: hemos ido allí varias veces a visitar a unos amigos. Gracias John y Jenny por recibirnos tan bien cada vez que vamos.

Downton Abbey está escrita y producida por Julian Fellowes, ganador de un Óscar por Gosford Park en 2001, un drama sobre la aristocracia inglesa ambientado a principios de los años 30, donde también trabajó con Maggie Smith. La idea de Downton Abbey surgió en el 2007, en una cena en la que Fellowes se reunió con el productor Gareth Neame. Su deseo era adaptar a la televisión la novela de Fellowes Snobs, pero en los dos años que lo llevaban intentando, no habían conseguido financiación para ello. Neame entonces sugirió a Fellowes volver al mundo de Gosford Park. Fellowes no pareció muy emocionado con la idea en un principio, pero la casualidad o el destino hizo que en esos momentos se encontrara leyendo To Marry an English Lord, sobre chicas americanas que habían llegado a Inglaterra a finales del siglo XIX para casarse con algún aristócrata inglés. Fellowes no podía dejar de pensar si ese aparente cuento de hadas no se convertiría en pesadilla, cuando 25 años después esas mismas chicas se encontraran en una fría casa inglesa añorando su tierra natal. Y así fue como todo empezó. Semanas después Fellowes empezó a escribir el guión de Downton Abbey, que gira en torno a la familia Crawley y cuyo heredero al título de Lord Grantham, Robert, está casado con Cora Levinson, una rica heredera americana.

¿Qué les deparará en la sexta temporada? Muchos rumores dicen que será la última, aunque sinceramente espero que no sea así.

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Relish de cebolla dulce para un almuerzo de labrador (Ploughman’s Lunch)

Si hay algo que un inglés de pura cepa suele hacer es ir al pub. Y por eso os propongo un plato tradicional que encontraréis en la mayoría de los pubs ingleses, el almuerzo de labrador o Ploughman’s Lunch. Este almuerzo era el que los campesinos y granjeros llevaban a los campos como su comida del día. Todavía recuerdo la primera vez que lo probé en un pub cuyo nombre ahora no recuerdo en Windermere, en el Lake District. Aquella vez fue en su versión sandwich y desde entonces no he dejado de pedir este plato típico de pub (pub grub) siempre que he tenido oportunidad.

The Porch House Pub, en Stow on the Wold
The Porch House Pub, en Stow On The Wold (Cotswolds)

Un Ploughman’s Lunch consiste básicamente en unas rebanadas de buen pan, un buen queso local (usualmente cheddar), encurtidos (pickles) como cebollas en vinagre y salsas de encurtidos (chutneys o relishes). Pero esta combinación puede variar enormemente, porque a veces incluye jamón, paté o incluso una porción de pastel de carne, y también alguna fruta como manzanas o uvas. Tradicionalmente, tanto el pan como el queso y los encurtidos se elaboraban en las casas por las mujeres de los campesinos. Por supuesto, esta comida debe ir acompañada de una buena pinta de cerveza local o sidra.

Hay un poco de controversia sobre el origen de este plato tan tradicional, porque no se han encontrado muchas referencias históricas del mismo. Pero a lo largo de los siglos los granjeros y campesinos se llevaban sus almuerzos al campo, y ese almuerzo sí se sabe que consistía en pan y queso acompañado con sidra o cerveza. El término “Ploughman’s Lunch” no se acuñó hasta los años 60, como parte de una campaña de márketing del Milk Marketing Board o Junta de Comercialización de la Leche, que quería promocionar los quesos británicos.

Nos encanta preparar esta comida en casa. En nuestra despensa siempre tenemos queso, y el queso cheddar es un habitual, porque ya es muy fácil encontrar un cheddar de buena calidad en supermercados y grandes superficies. Pero también hemos probado con otros quesos, porque creo que lo importante es utilizar aquel que os guste.

Lo que más nos cuesta encontrar es el chutney o relish (salsa de encurtidos), que es una parte fundamental, precisamente lo que hace que este plato no sea simplemente pan con queso. En las grandes superficies seguro que podéis encontrar Branston Pickle.

Como os podéis imaginar, yo prefiero cocinar mi propia salsa de encurtidos, y por supuesto os voy a dar una receta. Pero antes voy a intentar aclarar la diferencia entre pickle, relish y chutney, porque yo siempre me he hecho un lío descomunal con estos tres términos. ¿Cómo no confundirse, cuando Branston Pickle es un relish?

Los pickles son encurtidos en vinagre y especias, como los pepinillos o cebolletas en vinagre. No necesitan cocinarse mucho tiempo, a excepción de los pickles de fruta. Normalmente sólo utilizan un única verdura o fruta. Las verduras que se usan para hacer pickles se dejan en salmuera hasta 48 horas, proceso que ayuda a deshidratar las verduras, lo que hace que estén más crujientes, y ayuda también a conservarlas, al prevenir el desarrollo de bacterias. Cuando las verduras se sacan de la salmuera, hay que aclararlas en agua fría, escurrirlas bien y entonces ya se las puede echar en vinagre.

El relish es una conserva muy versátil que puede ser utilizada en multitud de platos y preparaciones. Los relishes llevan vinagre y especias, al igual que los chutneys y pickles. Generalmente, sólo se utilizan verduras y no frutas y no requieren una cocción tan larga como la del chutney.

El chutney es parecido al relish pero también contiene fruta. Su origen está en la India, por lo que muchos de los chutneys son picantes. La palabra chutney deriva del término indio chatni, que significa encurtido. Los chutneys requieren una larga y lenta cocción, que da lugar a una especie de mermelada dulce y especiada. Contienen fruta, verduras, vinagre, azúcar y especias. Su textura es más suave y se recomienda no consumirlos de inmediato, sino de tres a seis meses después, ya que mejoran con el tiempo.

A la hora de cocinar estos encurtidos, os recomiendo que no uséis metales oxidables, por la alta proporción de vinagre que llevan, que es un ácido. Lo mejor es elegir una cacerola de acero inoxidable o de esmalte, con un buen revestimiento interior antiadherente. Si los ingredientes requieren ser colados, usaremos coladores con rejilla de nilón y no de metal. Por otra parte, los tarros de conserva que elijáis deben llevar tapas herméticas y se deben esterilizar previamente (se pueden esterilizar en agua hirviendo).

Y por fin, llegó el momento de la receta. Os propongo una receta de Relish de cebolla dulce.

Ingredientes:

  • 1,5 kg de cebollas dulces, cortadas en finas tiras
  • 700g de cebollas rojas, cortadas también en finas tiras
  • 2 pimientos rojos, sin pepitas, cortados en juliana
  • 65 g o 1/4 de taza de sal marina
  • 1 taza o 200 g de azúcar blanquilla
  • 1 taza o 220 g de azúcar moreno
  • 1/2 cucharada de cúrcuma
  • 2 tazas o 450 ml de vinagre de sidra
  • 1 cucharada de especias variadas
  • tarros de cristal esterilizados

Preparación:

  1. Echamos la sal sobre las cebollas y los pimientos ya cortados. Lo mezclamos bien y dejamos reposar durante media hora.
  2. Pasado este tiempo, escurrimos muy bien las cebollas y los pimientos con un colador o similar.
  3. En una olla de acero inoxidable con un buen revestimiento antiadherente, mezclamos los dos tipos de azúcar, la cúrcuma y el vinagre.
  4. Ponemos las especias en un trozo de muselina y hacemos un paquetito que añadimos a la mezcla de vinagre anterior.
  5. Ponemos a calentar la cacerola a fuego lento hasta que hierva, y entonces reducimos el fuego a baja temperatura. Lo dejamos que se siga calentando unos cinco minutos más.
  6. Echamos la mezcla de cebollas y pimientos en la cacerola y subimos la temperatura a fuego medio.
  7. Cuando vuelva a hervir bajamos el fuego a medio-bajo y lo dejamos durante media hora, removiendo de vez en cuando.
  8. Comprobamos que las cebollas estén blandas y que haya quedado espeso.
  9. Por último, ya podemos llenar los tarros de cristal con nuestro relish que se conservará durante mucho tiempo.

Sweet Onion Relish 1 Sweet Onion Relish 2

Éste es el resultado final. Las fotos no son muy buenas, pero prometo aprender a hacer mejores fotos para próximas ocasiones. Lo que sí os puedo decir es que aunque la foto le desmerezca, este relish está para chuparse los dedos. ¿Os atrevéis con la receta?

Receta adaptada del libro Jams, Chutneys, Pickles Preserves editado por Pr Books Limited.

The Imitation Game (Descifrando Enigma)

Tras la entrega de los Oscar 2015 este pasado domingo, esta semana os tenía que hablar de cine, justamente de la película ganadora del Oscar a mejor guión adaptado. Si todavía estáis a tiempo no os perdáis The Imitation Game (Descifrando Enigma), película británica ambientada en la Inglaterra de la II Guerra Mundial. La película narra una historia real que te atrapa desde principio a fin, y mucho más si te gusta todo lo que rezuma aires y elegancia británicos.

Para aquellos que todavía no hayáis visto la película, no os quiero destripar su argumento, aunque algo sí que os puedo contar. La trama gira en torno al prodigioso matemático Alan Turing, considerado como precursor de la informática moderna. La película nos hace un retrato brillante del personaje de Turing, del que nos cuenta tres momentos muy importantes de su vida. Comienza en 1952, cuando Turing es arrestado por sus tendencias homosexuales, tras ser imputado con los cargos de “indecencia grave y perversión sexual”, hecho que truncó su carrera. También nos hace viajar retrospectivamente a la adolescencia tardía de Turing, cuando estudiaba en el internado de Sherborne en Dorset, tiempo en el que desarrolló una estrecha amistad con un compañero un poco mayor, Christopher Morcom, primer amor de Turing. Pero The Imitation Game se centra sobre todo en la época de la II Guerra Mundial, durante la cual, Alan Turing es reclutado para dirigir un variado equipo formado por investigadores, lingüistas, campeones de ajedrez y oficiales de inteligencia cuyo objetivo es descifrar los códigos secretos nazis contenidos en la máquina Enigma, algo imprescindible para ganar la guerra.

Es la clase de película que el cine británico sabe hacer muy bien, en el que la minuciosidad en los detalles históricos es extrema. La cuidada ambientación traslada completamente al espectador a Bletchley Park, la mansión victoriana que se convirtió en la institución militar en la que se realizaron los trabajos de descifrado de los códigos secretos nazis.

Bletchley Park

La película se rodó en Inglaterra a lo largo de ocho semanas y, además de Bletchley Park, otras localizaciones fueron Londres, Oxfordshire, Buckinghamshire y Dorset, incluyendo una mansión victoriana que en su día fue la casa de Ian Fleming, una base de la RAF en desuso, la estación de King’s Cross, y Sherborne School, donde se educó el joven Turing, con algunos interiores filmados en estudios situados en Middlesex.

El reparto es también muy destacable, con Benedict Cumberbatch a la cabeza en el papel de Alan Turing. Cumberbatch es un actor al que se le da bien representar a personajes de gran ingenio, como es también el caso de su papel como Sherlock Homes en la serie homónima de la BBC. En ambos casos Cumberbatch consigue hipnotizarnos simplemente mientras le vemos pensar. La interpretación que realiza en esta película ha sido universalmente aclamada, y es que es el alma de The Imitation Game. Aunque partía como uno de los favoritos, finalmente no se ha llevado la estatuilla dorada, pero eso no hace que su interpretación sea menos brillante. Le acompañan Keira Knightley en el papel de Joan Clarke, también muy alabada por su interpretación. El resto del reparto lo forman Mathew Goode, Charles Dance, Mark Strong y Allen Leech. Está dirigida por el noruego Morten Tyldum.

The Imitation Game es una película que te atrapa, te emociona y no te deja indiferente. Turing, en palabras del propio Cumberbatch, debería aparecer retratado en los billetes, tal es su importancia y su gran contribución a la Historia. Sin embargo, Alan Turing es un personaje poco conocido. Esta película sirve como un bonito y sincero homenaje a su recuerdo.

Si os ha gustado la historia y queréis profundizar en ella, os recomiendo que leáis Enigma de Robert Harris, aunque no es el libro en el que se ha basado la película, que tomó como referencia la biografía de Alan Turing escrita por Andrew Hodges, también titulada The Imitation Game.