San Valentín en el Reino Unido

Pese a que en estos días hay alusiones a San Valentín por todas partes y los centros comerciales nos incitan a consumir sin parar, este año he decidido unirme a la celebración, porque al fin y al cabo, cualquier excusa es buena, ¿no creéis? Y sobre todo si se habla de AMOR! ¿Me acompañáis un ratito?

El día de San Valentín se lleva celebrando durante muchos siglos en el Reino Unido, y para mí ha sido una sorpresa descubrir que es una celebración tradicional de los países anglosajones, que se ha ido implantando en el resto de países a lo largo del siglo XX. La festividad surgió como una combinación de ritos paganos y cristianos. Hay mucha controversia en torno a su origen, debido a las numerosas leyendas existentes y al misterio que las rodea.

Los romanos ya celebraban una festividad en torno al 15 de febrero, a la que denominaron Lupercalia, con la que señalaban el comienzo de la primavera. En ella tenían lugar ritos en torno a la fertilidad y el matrimonio que concernían a todos los jóvenes en edad casadera.

Cuando la Cristiandad se extendió a lo largo del Imperio Romano, que incluía gran parte del Reino Unido, esta festividad se convirtió en el día en el que se recordaba a San Valentín. Los festivales paganos y cristianos se unificaron: el festival de Lupercalia se adelantó un día y San Valentín empezó a celebrarse el 14 de febrero.

¿Sabíais que hubo más de un San Valentín? Parece que fueron tres, pero aquí sólo os hablaré del más famoso de ellos, un sacerdote cristiano del siglo III que vivió en tiempos del Emperador Claudio II, conocido por defender el amor en el Imperio. Casó secretamente a parejas, a pesar de las órdenes del Emperador, que había prohibido los matrimonios al creer que los hombres no querrían ir a la guerra si tenían que dejar a sus mujeres y familias atrás. Cuando Claudio II supo de estas ceremonias, Valentín fue detenido, permaneciendo preso hasta su muerte, un 14 de febrero. Tuvo una muerte horrible, puesto que fue torturado para hacerle renunciar a su fe y finalmente decapitado. Se dice que antes de morir curó la ceguera de la hija del carcelero (una leyenda posterior llega a afirmar que incluso se enamoró de ella), dejándole supuestamente una nota que firmaba “de tu Valentín”.

La primera asociación entre el día de San Valentín con el amor romántico no tuvo lugar hasta el siglo XIV, cuando el poeta inglés Geoffrey Chaucer, autor de los Cuentos de Canterbury, en su obra Parlement of Foules (1382) escribió: For this was on seynt Volantynys day, Whan euery bryd comyth there to chese his make. [Porque esto fue el día de San Valentín, cuando cada ave vino aquí a elegir su pareja.]

Chaucer escribió este poema en honor al primer aniversario del compromiso entre el rey Ricardo II de Inglaterra con Ana de Bohemia. Se asumió erróneamente que Chaucer se refería al San Valentín de febrero, mes en el que en Inglaterra las aves todavía no se han apareado (probablemente Chaucer hiciera en realidad alusión al 2 de mayo, día de Valentín de Génova).

La carta de San Valentín más antigua de la que se tiene noticia es del siglo XV y fue escrita por Carlos, duque de Orleans. Se trataba de una poesía dirigida a su esposa y escrita durante su encarcelamiento en la Torre de Londres, tras su captura en la Batalla de Agincourt (1415). En el poema, el duque habla de su amor por su esposa y se refiere a ella como Ma tres doulce Valentinée  [mi dulce Valentina / enamorada]. Aún se conserva en el Museo Británico.

En 1601 San Valentín ya era lo suficientemente popular como para ser mencionado por William Shakespeare en el lamento de Ofelia en Hamlet: To-morrow is Saint Valentine’s day, All in the morning betime, And I a maid at your window, To be your Valentine. [Mañana es el día de San Valentín, temprano, al amanecer, y yo estaré en tu balcón, tu enamorada seré].

Es en Inglaterra donde el intercambio de notas de amor el día de San Valentín se hizo popular. Ya era una práctica común en 1797, año en el que se publicó por primera vez The Young Man’s Valentine Writer, que contenía rimas y canciones sentimentales para aquellos que no escribían sus propios versos.

Como la costumbre de enviar tarjetas, flores, chocolates y otros regalos se originó en el Reino Unido, este día sigue teniendo conexión con algunas costumbres locales inglesas. Por ejemplo, en Norfolk, un personaje llamado Jack Valentine llama a las puertas y deja dulces y regalos a los niños.

El abaratamiento de los servicios postales que tuvo lugar en el siglo XIX facilitó el envío de un mayor número de tarjetas de San Valentín. Hizo posible enviar tarjetas anónimamente (tradicionalmente, los mensajes de San Valentín han sido de carácter anónimo), y se hicieron tan populares que se empezaron a producir en masa. En la época victoriana las tarjetas evolucionaron a una forma más delicada con papel de encaje, añadidos de terciopelo, lazos, y los materiales que se usaban eran de la mejor calidad. Estas tarjetas con frecuencia escondían mensajes secretos tras los pliegues o lazos, ya que los padres victorianos eran muy estrictos y no permitirían que sus hijas recibieran ningún tipo de correspondencia a no ser que ellos la hubieran leído primero. En 1872 el servicio postal empezó a permitir el envío de pequeños paquetes, con lo que empezaron también a enviarse pequeños regalos.

A mediados del siglo XIX, Esther Howland, de Massachusetts, introdujo las tarjetas de San Valentín en Estados Unidos, cuando empezó a importar papel de encaje y decoraciones florales desde Inglaterra, para finalmente empezar a producirlas en masa. Y desde Estados Unidos la celebración de San Valentín se extendió al resto del mundo.

¿Ya sabéis cómo queréis pasar este día? Como planes británicos os propongo varias películas: Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill, Love Actually, Shakespeare in Love, Expiación o Sentido y Sensibilidad, basada esta última en el libro del mismo nombre de Jane Austen, una gran romántica.

Si queréis tener un detalle en este día pero no queréis sucumbir al centro comercial os recomiendo esta receta de trufas de chocolate de uno de mis blogs preferidos, Pemberley Cup & Cakes, en el que encontraréis mucha repostería británica.

Por último, si tenéis la suerte de estar en el Reino Unido durante estas fechas, ¿qué os parece una escapadita a… Bath? ¿Oxford? ¿Canterbury? ¿El distrito de los Lagos? ¿Los Cotswolds? ¿York? ¿O hacer un romántico recorrido por Londres y de paso cenar en lo alto del Shard disfrutando de las vistas? Sin duda, hay cientos de posibilidades. No os olvidéis de contarme vuestros planes.

 

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